LA LOCURA ES ¿INCURABLE?…

O UNA JUSTIFICACIÓN ETERNA Y ALTERNA

Con todo respeto para quienes tengan diagnosticado algún padecimiento físico o mental, y peor aún, de origen congénito, que los tenga limitados, principalmente en sus capacidades cognitivas para percibir, concebir o vivir plenamente el mundo real, no estoy totalmente convencido de que tales limitaciones sean enfermedades. ¿No será mejor llamarlas “características diferenciadoras”?

A lo largo de la historia han existido seres extraordinarios, cuyas acciones temerarias y anormales transformaron al mundo. Yo sólo citaré a Juana de Arco, quien escuchaba voces que la impulsaron a triunfar con sus ejércitos en batallas desiguales. ¿Qué hubiéramos hecho sin esos locos si los hubieran diagnosticado antes? Nos los habríamos perdido. 

Pero déjenme platicarles algunas anécdotas generacionales: Un amigo que conozco desde el jardín de niños, la primaria y la secundaria, ahora que nos reencontramos no deja de invocar, para todo, la palabra de Dios. Es decir, JC tiene la inteligencia para hallar la relación inmediata de tal acervo con la vida real, mejor que un sacerdote; ve la vida como una obra del creador, siempre perfecta, contundente e irremediable. Debo agregar que JC es un exitoso profesional de la construcción, además de un gran padre de familia y abuelo muy querido. ¿Hiperreligioso o esquizofrénico?

Otra amiga, XJ, fue la mujer más libertina que conocí en mi adolescencia. Sin ser bella, pero tampoco fea, era muy “colaboradora” desde la primera cita. Era lo que mi generación llamaba “bien ponedora ”, pero XJ nos dejó con esa palabra en la boca y se convirtió en la mejor compañía de viaje de gente importante y pasó largas temporadas en playas nacionales y destinos internacionales. Hoy XJ pinta y compone música desde un balcón mediterráneo. ¿Ninfómana o amplio criterio?

Mi amiga GM fue siempre una estudiante de diez, desde la primaria hasta la facultad de ingeniería. Además de ser una computadora en cálculos, tiene una retención admirable en temas diversos, como medicina, moda, ingeniería, yoga y geografía. Sin embargo, tiene un gran defecto: impone agenda, temas y juicios que parten del “yo veo”, “a mí me pasa”, “yo creo”; imposible platicarle tus problemas o tu vida; rara vez escucha o se calla. Hoy GM tiene sobrinos que fueron diagnosticados con diferentes grados de autismo, y es claro que ella es su tía. ¿Tendría GM esas grandes capacidades si la hubieran diagnosticado de niña? 

Mi amigo Pablito siempre ha sido muy mala copa, a la vez que un connotado leguleyo. Lo primero lo ha llevado a perder esposa e hijas, y no pocos amigos, además de muchos bienes. Pero es tal su autoridad y lucidez en su campo legal, que sus muy leídos artículos siguen siendo una muestra de que en la profundidad de su mente habita la centrada sobriedad. ¿El alcoholismo es una enfermedad? 

Según mis contemporáneos psicólogos, gran parte del abanico moderno de enfermedades mentales fueron publicadas por los años 70. Yo creo que por eso muchos de nosotros crecimos mientras apenas se documentaban los maestros que luego las enseñarían a nuestra generación. Por eso muchos adultos de hoy pasamos nuestra juventud sin haber sido diagnosticados… ¡Fíiuu!

¿Para qué sirve ser diagnosticado actualmente? Quienes tuvieron lo que tuvieron y nunca lo supieron, se las arreglaron como pudieron y jamás culparon a nada de algún obstáculo en su vida; se superaron inconscientemente y llegaron mucho más allá. Según mis amistades psicólogas, mientras el sujeto siga integrado socialmente, en funciones familiares y laborales, puede tener lo que sea y no es necesario diagnosticarlo. Mi amigo JC con Dios a su lado, mi inescrupulosa XJ, las híper-habilidades de GM y el alcoholismo de Pablito, pueden seguir adelante, sin cura para su locura. Ya para qué. 

¿Y qué más se ha inventado para que las nuevas generaciones sigan culpando a otr@s causas, cosas o personas de sus frustraciones? 

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