TU, YO Y FOUCAULT… ¿SOMOS UN POCO LOCOS?

LA CIENCIA DE LA DEMENCIA Y LA CULTURA DE LA LOCURA

Si bien la infalible sabiduría popular nos dice que “De  músicos,  poetas y locos, todos tenemos un poco”, el consenso entre ciencia y cultura nos apunta que loco es “aquel que presenta un comportamiento extraño y desviado de las normas sociales establecidas, debido a un trastorno de las facultades mentales que impide el funcionamiento normal de la razón y el sano juicio”.

Si bien la definición de locura depende de muchos factores que a través del  tiempo se han visto modificados por la evolución de la sociedad, la referencia primigenia que trata de explicarla  está en la antigua Grecia; y especialmente a partir de la filosofía platónica, quedan divididos el “soma” y la “psique”, o  sea el cuerpo y el alma. De esta manera, la locura tenía un dejo de sabiduría, representado por  la melancolía, esa  “enfermedad” que afectaba de igual manera a héroes, sabios y a cualquier mortal.

A partir de aquella era, la rama de la filosofía relativa a  la ciencia se  ocupó  de observar cómo cambian las teorías científicas, y de saber si esta es capaz de revelar la verdad de los procesos científicos de lo natural, de lo  real e incluso de lo imaginable… ¡Vaya dilema!

La  locura, sus causas y efectos,  han sido analizadas  por grandes filósofos  a lo  largo de la historia, como  por ejemplo: Friederich Nietzsche, (quien, por cierto, fuera recluido en un manicomio) él la analiza desde una visión moderna;  pero  de manera  más reciente  este tema fue abordado por  el filósofo , autor y académico francés  Michel Foucault  (Poitiers, 15 de octubre de 1926-París, 25 de junio de 1984) en su libro  “Historia de la Locura”; una visión posmoderna de la locura  publicada en 1961. Esta  obra es considerada trascendental para  el análisis de la cultura occidental a partir de lo que Foucault define como  “la arqueología del silencio”,  o sea,  el fenómeno de la locura soslayado  por todo discurso —científico o no— que intenta estudiarla, describirla, nombrarla o decir algún tipo de verdad sobre ella. 

Foucault, segmenta su obra en cuatro periodos , y según resume el catedrático Carlos Castellanos al  desmenuzar esta “Historia de la Locura”.

En el medioevo: “La experiencia de la locura estaba nublada por las imágenes del pecado, la bestia, etc. Los locos eran los posesos, es decir, los que habían sido poseídos por alguna entidad demoniaca, esto en un contexto meramente cristiano“.

En el renacimiento: “Foucault se inspira en un cuadro del Bosco: “La Nave de los Locos”. El loco es el que es medio genial, el que se ríe de los demás. Es una persona divertida con momentos de extravagancia y genialidad donde dice las verdades de la razón. La razón es media loca. El loco se ríe del sabio y del genio.

En la época clásica: “Se da la creación o fundación del Hospital General en París. Se crea por ley, siendo la exclusión de la sociedad para los locos, ya que se les ve como peligrosos. No hay separación mental. No existe un concepto de “enfermo”, sino de indeseable para la sociedad.

En la  medicación del encierro: “Cuando se somete a alguien a tratamiento médico es una práctica que deja a ese alguien como un “anormal”. Se generan las nociones de “loco” y de “enfermo mental”. Es una forma de dominación, dándole una identidad que en principio no tenía pues no hay nada que detenga nada, no hay barreras, todo vale igual, todo está construido histórico-cultural-socialmente.

Es muy recomendable leer y analizar la obra de Foucault (quien curiosamente lleva en su apellido la  palabra “fou” que traducida al  español quiere decir “lunático”);  pero también resulta elemental retomar las raíces de la percepción de la locura, pues “loco” significa “el que delira”; viene del latín “de-lirare”,  o “el que se sale del surco a labrar la tierra”: una metáfora muy clara que retrata a aquel loco que no acepta la uniformidad, la rectitud o la norma, o sea un vanguardista;  y por supuesto, y sin ánimo de adivinar  o confesar, tú y yo, y quizá todo mundo, en algún momento rompemos el esquema y  cabemos en la definición; luego, entonces ¿estamos locos? … Pero para responder esta incógnita, mejor dejemos que un genio, Albert Einstein, nos ilumine al respecto:  “Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás…”

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